domingo, 10 de marzo de 2013

IV Domingo Cuaresma C (10/03/2013)


Nos acoges con tu luz

La Palabra

Jos 5, 9a.10-12  //  Sal 33  //  2Cor 5, 17-21
Todos los recaudadores y los pecadores se acercaban a escucharle, de modo que los fariseos y los letrados murmuraban: ---Éste recibe a pecadores y come con ellos. Él les contestó con la siguiente parábola: ---Un hombre tenía dos hijos. El menor dijo al padre: Padre, dame la parte de la fortuna que me corresponde. Él les repartió los bienes. A los pocos días, el hijo menor reunió todo y emigró a un país lejano, donde derrochó su fortuna viviendo como un libertino. Cuando gastó todo, sobrevino una carestía grave en aquel país, y empezó a pasar necesidad. Fue y se puso al servicio de un hacendado del país, el cual lo envió a sus campos a cuidar cerdos. Deseaba llenarse el estómago de las bellotas que comían los cerdos, pero nadie se las daba. Entonces recapacitando pensó: ---A cuántos jornaleros de mi padre les sobra el pan mientras yo me muero de hambre. Me pondré en camino a casa de mi padre y le diré: He pecado contra Dios y te he ofendido; ya no merezco llamarme hijo tuyo. Trátame como a uno de tus jornaleros. Y se puso en camino a casa de su padre. Estaba aún distante cuando su padre lo divisó y se enterneció. Corriendo, se le echó al cuello y le besó. El hijo le dijo: ---Padre, he pecado contra Dios y te he ofendido, ya no merezco llamarme hijo tuyo. Pero el padre dijo a sus criados: ---Enseguida, traed el mejor vestido y vestidlo; ponedle un anillo en el dedo y sandalias en los pies. Traed el ternero cebado y matadlo. Celebremos un banquete. Porque este hijo mío estaba muerto y ha revivido, se había perdido y ha sido encontrado. Y empezaron la fiesta. El hijo mayor estaba en el campo. Cuando se acercaba a casa, oyó música y danzas y llamó a uno de los criados para informarse de lo que pasaba. Le contestó: ---Es que ha regresado tu hermano y tu padre ha matado el ternero cebado, porque lo ha recobrado sano y salvo. Irritado, se negaba a entrar. Su padre salió a rogarle que entrara. Pero él respondió a su padre: ---Mira, tantos años llevo sirviéndote, sin desobedecer una orden tuya, y nunca me has dado un cabrito para comérmelo con mis amigos. Pero, cuando ha llegado ese hijo tuyo, que ha gastado tu fortuna con prostitutas, has matado para él el ternero cebado. Le contestó: ---Hijo, tú estás siempre conmigo y todo lo mío es tuyo. Había que hacer fiesta porque este hermano tuyo estaba muerto y ha revivido, se había perdido y ha sido encontrado.
(Lc 15, 1-3.11-32)

El Comentario

“Mira, tantos años llevo sirviéndote, sin desobedecer una orden tuya, y nunca…”
Hemos leído ya tantas veces este Evangelio y nos resulta tan familiar ponernos en el papel del hijo pródigo… hoy quisiera ponerme en el papel del otro hijo, el hijo que siempre ha estado en casa de su padre y a su servicio, un servicio discreto, sencillo, sin cuestionar nada… Vamos, un hijo modelo, o ¿quizás no tanto?
El hijo que se ha quedado en casa ha hecho todo lo que se le ha ordenado y sin rechistar, eso es cierto, está claro, pero ¡no ha vivido en su casa!, me explico, no ha entendido cual era la pena por la que el padre llevaba pasando tanto tiempo, ni cuál era su preocupación, y para colmo, nunca entendió la razón por la que su hermano se fue de casa.
Cuántas veces hemos visto como los hijos un día se van de casa, por la razón que sea y no se vuelven a poner en contacto con sus padres, en ocasiones, por desapego, pero muchas de ellas porque sólo han visto sus dificultades y no han entendido las de los padres.
Pero cuando se produce el reencuentro que cara de satisfacción se le queda al padre, y sobre todo a la madre, que lleva tanto tiempo preguntándose que habrá hecho mal con sus hijos.
Tampoco han sabido ver que todo lo que había en casa era de ellos, que sus padres lo han estado preparando para que algún día ellos puedan disfrutarlo plenamente.
No han querido ver los problemas y dificultades por las que ha pasado el hermano, y en consecuencia no le perdona que le haya dejado sólo en casa. O quizás lo que le fastidia es que se ha tenido que quedar él en casa, y no ha podido marcharse él.
¿Y nosotros? ¿Cuál es el papel que hemos jugado?

Cuaresma: Un viaje inesperado…


A Cada día su afán (Por José-Román Flecha Andrés)