domingo, 21 de noviembre de 2010

Jesucristo, Rey del Universo

Jesucristo es la clave del nuevo mundo.
La Palabra
2 Sam 5,1-3 // Sal 121 // Col 1,12-20
El pueblo estaba mirando y los jefes se burlaban de él diciendo: ---Ha salvado a otros, que se salve a sí mismo, si es el Mesías, el predilecto de Dios. También los soldados se burlaban de él. Se acercaban a ofrecerle vinagre y le decían: ---Si eres el rey de los judíos, sálvate. Encima de él había una inscripción que decía: Éste es el rey de los judíos. Uno de los malhechores crucificados lo insultaba diciendo: ---¿No eres tú el Mesías? Sálvate a ti y a nosotros. Pero el otro lo reprendió diciendo: ---¿No tienes temor de Dios, tú, que sufres la misma pena? Lo nuestro es justo, recibimos la paga de nuestros delitos; éste, en cambio, no ha cometido ningún crimen. Y añadió: ---Jesús, cuando llegues a tu reino acuérdate de mí. Jesús le contestó: ---Te aseguro que hoy estarás conmigo en el paraíso.
(Lc. 23, 35-43)
La Reflexión
Hoy llegamos al final del Año Litúrgico, y celebramos la festividad de “Jesucristo, Rey del Universo”.
Para nosotros, más bien nuestra formar de ver el mundo actual, y también para los primeros cristianos, resulta chocante que un crucificado, un proscrito, sea declarado “rey de los judíos” (así figuraba en el cartel que Pilatos puso sobre la cruz).
¿Cómo es posible que todo un rey acabe como un ladrón?. Esto debe hacernos pensar que nuestro punto de vista no es el mismo que el de Jesús.
Estas semanas de atrás hemos hecho balance de lo que hacemos y lo que dejamos de hacer para con los que nos rodean, sin falta de irnos a buscar a los más alejados, pero lo hemos visto con nuestros ojos, nuestra mentalidad.
Jesús nos está pidiendo que lo hagamos ahora desde la de Él. Y resulta toda una provocación cambiar el prisma con el que mirar la realidad.
Seremos capaces de cambiar, tanto como para perdonar, ayudar,… a aquellos que no solo nos lo piden, sino también aquellos a los que no queremos. Todo un reto.
Qué Celebramos
La fiesta de Cristo Rey fue instituida en 1925 por el papa Pío XI, que la fijó en el domingo anterior a la solemnidad de todos los santos.
En 1970 la fiesta se convirtió en la de Cristo "Rey del Universo" y se fijó en el último domingo per annum. Con ella apunta ya el tiempo de adviento en la perspectiva de la venida gloriosa del Señor.
El año litúrgico llega a su fin. Desde que lo comenzamos, hemos ido recorriendo el círculo que describe la celebración de los diversos misterios que componen el único misterio de Cristo. Con cada celebración, hemos ido construyendo un arco, al que hoy ponemos la piedra angular. Este es el sentido profundo de la solemnidad de Cristo – Rey del Universo, es decir, de Cristo – Glorioso que es el centro de la creación, de la historia y del mundo.
Pío XI, al establecer esta fiesta, quiso centrar la atención de todos en la imagen de Cristo, Rey divino, tal como la representaba la primitiva Iglesia, sentado a la derecha del Padre en el ábside de las basílicas cristianas, aparece rodeado de gloria y majestad. La cruz nos indica que de ella arranca la grandeza imponente de Jesucristo, Rey de vivos y de muertos.
BUSCANDO A DIOS
Hace muchísimos años, y tal vez siglos, un hombre subió por una gran montaña buscando a Dios. Y, cuando estuvo en la cima, alzó los ojos al cielo y dijo:
- Señor, yo soy tu esclavo. Haré siempre lo que tú me mandes.
Pero Dios no respondió. Sólo contestó el silencio.
Al cabo de muchos años después, aquel hombre volvió a subir a la cima de la montaña buscando a Dios. Y, cuando estuvo arriba, levantó los ojos y los brazos al cielo y dijo:
- Creador mío. Tú me hiciste del barro de la tierra. Te debo todo lo que soy.
Y Dios tampoco respondió.
Al cabo de muchos años, subió otra vez a la cima de la montaña, y le dijo a Dios:
- Padre, yo soy tu amigo. Me amaste y me diste tu Reino como herencia.

Y Dios, otra vez, no respondió
Por último, al cabo de muchísimos años, aquel hombre volvió a la montaña y dijo a Dios:
- Tú eres, Dios, parte de mí, y yo soy parte de ti. Yo soy como tu raíz metida en la tierra y tú eres mi flor en el cielo. Crecemos juntos.
Entonces Dios se inclinó hacia aquel ser humano y le habló con dulzura. Y así como el mar recibe al río que corre a su encuentro, así Dios acogió a aquel hombre.
Y cuando bajó de la montaña, Dios estaba en todas partes y estaba con él.
Imagen de la Semana